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martes, 10 de abril de 2012

Dinámica de la Transferencia (1912)

Hace un tiempo comentaba el artículo “Amor de transferencia” que aparece en una compilación de escritos titulada: Técnica del Psicoanálisis. Otro de estos manuscritos es el que lleva por título “La dinámica de la transferencia” y que me permito comentar a continuación:
 
Freud plantea que nuestra vida erótica es el remedo de vivencias de la más temprana infancia. Pues bien, una parte de estas experiencias se desarrolla y es tramitada por la personalidad consciente. El tema es que cierta sección de estas experiencias infantiles no evoluciona y permanece ligada a lo inconsciente. Son patrones de conducta regresivos y desligados de la realidad que cobran presencia por ejemplo, en una persona insatisfecha sexualmente. De esta manera, la transferencia posee estas dos caras, la positiva compuesta por estilos de apego seguros y sentimientos de cariño, en tanto que la negativa se compone de sentimientos hostiles y agresivos hacia el objeto de interés. Bueno, el objeto de interés primario para un bebé será su madre y aquellos adultos importantes, como el padre, los tíos, hermanos, etc. El niño se relaciona transferencialmente con estas personas por medio de sentimientos de amor por un lado y de hostilidad, por otro. Es lo que se denomina -según una feliz acepción de Jung- la ambivalencia de sentimientos. Poco a poco, ese niño va creciendo y sólo una parte de esta transferencia crece con él. La otra (la transferencia negativa) permanece reprimida en lo inconsciente y censurada por la conciencia. La adquisición posterior de una neurosis implica que aquellos contenidos no deseados por la conciencia, emergen en forma de síntomas en la psique del adulto. 

La cura psicoanalítica consistirá en revertir aquella líbido reprimida en los confines del inconsciente desde la primera infancia y tramitarla a un nivel consciente. Estamos hablando de actualizar aquellos datos que hacen las veces de restos fósiles en nuestra mente. Esto cuesta trabajo, ya que aquellos contenidos se resistirán a emerger por la fuerza de atracción que ejerce sobre ellos el inconsciente y además porque la consciencia no los quiere aceptar. El analista entonces, se verá enfrentado a una fuerte “resistencia” hacia la cura. Freud dice que se libra una batalla con el fin de vencer a estas fuerzas, en el fondo, es vencer a la represión de contenidos enquistados en el fondo de la psique.

De esta manera, hablar de la cura psicoanalítica implicará hablar de la transferencia y en último término, de la resistencia. La resistencia se manifiesta por ejemplo, en aquellos pacientes que les cuesta hablar ciertos temas o que muestran desinterés por la cura una vez iniciado el tratamiento. Eso no es otra cosa que resistencia.

Otro tema que se trata en el artículo, es acerca de los tratamientos psiquiátricos no psicoanalíticos. ¿Qué ocurre ahí con estos fenómenos de transferencia y de resistencia? ¿Se dan en esos contextos? Claro que sí y probablemente de manera intensa. La diferencia está en que los sanatorios potencian la no cura de sus pacientes. Actúan a favor de la resistencia y de la transferencia negativa. Por estas razones, no es tema en aquellos lugares si un paciente se resiste o no a la cura. Sólo se conforman con sedarlos y mantenerlos estabilizados.

Para descargar el artículo LA DINAMICA DE LA TRANSFERENCIA, click en el título.





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jueves, 29 de marzo de 2012

El concepto de Transferencia


¿Qué es la transferencia?
 
En una novela maravillosa de Morris West titulada The World is made of Glass (1983) aparece una definición que sorprende por su claridad:
 
“Es un proceso, inconsciente al principio por el cual el paciente se identifica tan íntimamente con el analista, como para volverse, y a veces morbosamente, dependiente de él. A veces, también el analista cae en la misma trampa. El, o ella, se vuelve profundamente apegado al paciente, quien es tan dependiente como una criatura…En realidad, se parece mucho a enamorarse”. Pág. 193
 
El paciente reedita con su analista patrones regresivos relacionados con sus primeros años de vida. Son reminiscencias de relaciones muy primitivas que se actualizan en la relación con el analista.
 
Desde los orígenes del psicoanálisis, este concepto ha tomado notoriedad por las repercusiones que tiene en un tratamiento. Un análisis sin transferencia no es análisis. Desde un punto de vista genérico, estamos en condiciones de afirmar que todas nuestras relaciones son transferenciales en algún grado.

Siempre habrá patrones que se repiten al momento de relacionarnos; hay personas con las cuales nos relacionamos de forma paternal o maternal y que nos evocan sentimientos de ternura o de desprecio. Eso sí, el lugar donde se juega la transferencia en toda su extensión, es en la terapia psicoanalítica, en la relación analista-analizado. Es el campo sobre el cual se lleva a cabo la cura.
 
A propósito del análisis inconcluso que realizara Freud a Dora -una de sus pacientes-, quien transfirió en él mociones inconscientes de vivencias pasadas, la Transferencia se consolidó como uno de los conceptos fundamentales de la teoría psicoanalítica. El análisis a Dora fracasó en vista de que Freud no consideró el papel que jugaría precisamente la transferencia en la cura. Era una época en la cual el concepto de Transferencia no se había sistematizado y este fragmento de análisis llevado a cabo con esta joven de dieciocho años, puso en evidencia las falencias que todavía tenía la terapia psicoanalítica. Dejemos a Freud que nos lo explique con sus propias palabras:
 
“¿Qué es la transferencia? Son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis avanza, no pueden menos que despertarse y hacerse concientes; pero lo característico de todo el género es la sustitución de una persona anterior por la persona del médico. Para decirlo de otro modo: toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo del pasado, sino como un vínculo actual con la persona del médico”.
Extraído de Freud S. Análisis fragmentario de una histeria p 51

En el fondo, es una transposición de lo presente por lo pasado. El paciente no está recordando o rememorando, está viviendo en el presente y repitiendo aquellos patrones de manera inconsciente. Dora en su análisis, transfirió la imagen de su padre hacia la persona de Freud y esto desencadenó su resistencia y posterior abandono del tratamiento.
 
La tarea del analista será descifrar la transferencia, interpretarla y procurar su resolución para el establecimiento del equilibrio mental.
 
 
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miércoles, 21 de marzo de 2012

Amor de transferencia (1915)


Freud escribió una serie de artículos y conferencias que fueron compilados bajo el título de Técnica del Psicoanálisis. Son escritos que versan sobre temas relacionados con el desempeño profesional del psicoanalista y las posibles dificultades que pudieran surgir. Uno de estos trabajos lleva por título: Observaciones sobre el amor de transferencia (1915). Me parece oportuno estudiar este trabajo luego de publicar acerca de las vicisitudes que tuvo Carl Jung para tratar a Sabina Spielrein.
 
En el artículo, Freud responde a algunas interrogantes que pudieran surgir sobre el análisis y puntualmente, se refiere al amor de transferencia como un subproducto esperable en un análisis:
 
“Me refiero al caso de que una paciente demuestre con signos inequívocos o declare abiertamente haberse enamorado, como otra mortal cualquiera, del médico que está analizándola”. Pág. 442
 
El analista, para empezar, debe abstenerse de concretar una relación con su paciente, pero eso sí, permitir que el enamoramiento surja en la relación analítica. Manejar la transferencia implica conservar ese enamoramiento en pro de la labor analítica y no de los deseos carnales que pudiera haber. Se trata de un amor virtual que en ningún caso se corresponde con el amor de la vida real. Es un producto de la relación analítica y no del azar o la suerte, como cabría esperar del amor común.
 
“Conservamos la transferencia amorosa, pero la tratamos como algo irreal, como una situación por la que se ha de atravesar fatalmente en la cura…” Pág. 446
 
El objetivo del análisis es liberar a la paciente de sus trabas para que entable una relación sincera de amor allá afuera y no adentro de la consulta. El terapeuta que se dejara llevar por sus impulsos y concretara la relación, quebrantaría grandemente el equilibrio mental de su paciente. Freud narra a modo de chiste, la historia de un agente de seguros muy poco aficionado a la religión. Una vez que cayó enfermo, su familia envió a un sabio sacerdote para que lo adoctrinara. Luego de una larga conversación, salió el sacerdote sin haber convertido al enfermo pero asegurado contra toda clase de riesgos jajaja. El enamoramiento de la paciente por su analista se mantendrá como un subrogado necesario y jamás deberá concretarse.
 
Ahora bien, si se diera el caso de una enferma que no acepta lo mental y la actividad psíquica como un sustituto del deseo, entonces estamos a las puertas de la psicosis. La no aceptación de lo psíquico por lo material rebasa los límites de la neurosis y nos instala de lleno en la locura. Es lo que en semiología psiquiátrica se denomina “pérdida del juicio de la realidad”. Es interesante este punto porque nos lleva a pensar que el manejo adecuado de la transferencia, también podría tener implicancias en el diagnóstico.
 
Una última cosa para resaltar, es que Freud sostiene que la cura se da en la abstinencia y en esto coincide con las curaciones del espíritu practicadas por chamanes y hechiceros. La abstinencia es recomendada para enfrentar demonios y maleficios que pudieran estar alterando el orden natural.
  
Pd: Para descargar el artículo OBSERVACIONES SOBRE EL AMOR DE TRANSFERENCIA de S. Freud, haz click en el título.
 



 
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jueves, 15 de marzo de 2012

Jung sueña a Sabina (1904)


Quienes pensaban que la primera psicoanalista fue Anna Freud, están totalmente equivocados. Existió una mujer-paciente histérica, médico y psicoanalista-que se podría decir, fue co-fundadora del Psicoanálisis. Sabina Spielrein a la edad de 19 años se internó en el hospital para enfermos mentales en Burghelzlji, Suiza. El siguiente es el registro de aquel ingreso:
“17 de agosto de 1904.
Anoche a las 10.30 ingresa paciente, acompañada por un tío. La paciente llora, ríe, de manera compulsiva y extraña. Presenta tic, gira la cabeza con movimientos rotatorios, saca la lengua, estira las piernas, dice no estar loca, sólo molesta ya que en el hotel no soportaba el ruido ni a la gente. Diagnóstico, histeria.
Permanece con enfermera particular en E II”.

Por aquellos años, Jung trabajaba en aquel recinto como médico residente y trató a esta paciente por espacio de un año. Fue su primer análisis y tuvo un éxito rotundo. Sabina mejoró completamente y fue dada de alta. Pero lo importante de este tratamiento fue la relación que se estableció entre Jung y Sabina. Fue un “amor de transferencia” como lo habría llamado Freud.
Sabina se enamoró de su analista a quien sedujo y con el cual tuvo un romance. Era difícil pensar que un joven e impetuoso Carl Jung no mantuviera una relación con su hermosa paciente. No estoy quitando mérito al tratamiento de Jung (no soy quién para hacerlo) y menos aún a su prestigio. Pienso que todo tratamiento o terapia pasa en algún momento por el “enamoramiento” entre terapeuta y consultante. Es un ingrediente necesario para la cura de las enfermedades mentales y porqué no decirlo, para todas las enfermedades. Jung sabía esto y consciente de lo que estaba haciendo, no salió corriendo como antaño lo hiciera el Dr. Breuer con su también insigne paciente histérica. Jung siguió adelante hasta sanar a Sabina y la relación fue el principal factor de aquella cura.
Siguiendo las ideas de quien fuera su maestro en aquel entonces, Jung entendía que la cura pasaba o se jugaba enteramente en la transferencia con su paciente. La cancha en la que se “juega” el análisis es netamente la relación entre analista y analizado. Jung era un avanzado para su época y este análisis justifica plenamente el hecho de que Freud lo considerara como su brazo derecho. Posiblemente sea quien mejor haya entendido las ideas del médico vienés. Por esta razón, descarto que Jung haya confundido las cosas con Sabina. La relación con ella fue genuina, no fue un artilugio para producir la cura y por otro lado, el enamoramiento fue parte concomitante del análisis. Es difícil afirmar qué fue primero: la atracción erótica o el amor de transferencia o si ambas cosas fueron lo mismo. Pienso que Jung visualizó el impulso erótico hacia Sabina y se permitió establecer una relación amorosa con ella, estando muy claro en lo que estaba haciendo. Veamos las palabras que le dedica en su diario:
"Recuerdo muy bien el caso de una judía que había perdido la fe. Comenzó con un sueño que tuve donde se me presentaba una muchacha desconocida. Me expuso su caso y mientras hablaba pensé: no comprendo nada de lo que ella me dice. ¡No comprendo de qué se trata! Pero de repente comprendí que ella tenía un extraño complejo paterno.
Tal fue el sueño.
Al día siguiente en mi agenda constaba: consulta, a las cuatro. Apareció una muchacha. Una judía, hija de un rico banquero, elegante, bonita y muy inteligente”. Págs. 149-150

Es notable cómo el encuentro se da primero en un sueño y posteriormente en la “realidad”. ¿Es sólo una estrategia narrativa de Jung para contar lo sucedido? No lo creo. Para Jung existía una continuidad entre los sueños, la ficción y lo hechos de la vida cotidiana. Es un concepto amplio y continuo de la consciencia el que se desprende de sus palabras.
Es probable que las relaciones genuinas sean previamente visualizadas en sueños como ocurrió con Jung y Sabina. Era un encuentro que ya se había prefigurado en un nivel inconsciente: Jung soñó a Sabina y quizá Sabina soñó a Jung. También es llamativo cuando Jung se dice en el sueño: “no comprendo nada de lo que ella me dice”. La figura de esta mujer podría representar a su inconsciente o ánima que intenta comunicarse con él en otro lenguaje. Jung no comprende porque se trata de una lengua extrajera a la consciencia y a la lógica. Es el dialecto de los sueños y del inconsciente colectivo. En su rol de médico dentro del sueño (y también afuera) sus conocimientos técnicos son insuficientes para entender tal mensaje. Al día siguiente, Sabina lo visita en su consulta para continuar aquel aprendizaje y comenzar su camino hacia la individuación. Vaya paciente.

PD: Para descargar un excelente artículo acerca de Sabina Spielrein, haz click en el título.