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martes, 6 de septiembre de 2016

Asesinato de almas (almicidio)




Yo mismo me aparecí ante mí, mientras estaba sentado en una silla de ruedas, vestido con un gabán negro y un sombrero de copa plegadizo de color negro, bajo la forma de un Convidado de Piedra que había regresado a un mundo extraño desde un remoto pasado. p. 138  


Un título adecuado para las Memorias de Schreber es ASESINATO DE ALMAS o ALMICIDIO, porque de eso trata el libro, de un asesinato de alma perpetrado a Schreber por su médico de cabecera: el Dr. Flechsig. 

Voy a partir por el principio haciendo una descripción general de la estructura de las Memorias. Se trata de un libro grande (trescientas páginas), dividido en veintidós capítulos sin título y precedidos por un prólogo y una carta abierta dirigida al Dr. Flechsig. Además, al final se incluye una serie de apéndices que Schreber fue agregando con el tiempo. El resultado es un libraco de cuatrocientas páginas y que no son fáciles de leer. Lamentablemente las dos ediciones que circulan (una en inglés y otra en español), no incluyen los dibujos maravillosos hechos por Schreber para ilustrar sus delirios. 

Schreber se dedica a transcribir en sus Memorias, lo que las Voces le dicen y lo hace durante su estadía en la Clínica Sonnerstein de Dresde. En varias ocasiones se justifica diciendo que para el lector profano, estos temas pueden ser inaprensibles porque se trata de cuestiones que están más allá del entendimiento humano. Estamos ante fuerzas sobrenaturales y que responden a un orden de tipo cósmico y él es el único ser humano en condiciones de entenderlo. Las Memorias son su testimonio para la posteridad acerca de cosas desconocidas hasta ahora, y que implican grandes consecuencias de orden religioso y espiritual: 

"(...) con mi trabajo persigo únicamente la finalidad de promover el conocimiento de la verdad en un campo sumamente importante: el de la religión." p. 47

Vamos al delirio: el alma humana forma parte de los nervios del cuerpo. Mientras el hombre vive es cuerpo y alma. Al morir, el alma es sometida a un proceso de purificación (probación) y luego asciende al cielo (antecámaras) para amalgamarse a Dios. Antes de purificarse, las almas de los hombres están ennegrecidas por sus pecados y reciben el nombre de "almas probadas".

Dios es sólo nervios en una gran extensión y que poseen un poder muy por sobre los nervios de cada persona individual. Luego de la Creación, Dios se retiró del mundo y de los hombres a una distancia sideral, porque de lo contrario, los nervios de los vivos ejercen un poder de atracción sobre Él, lo cual pondría en peligro su propia existencia. De esta manera, Dios sólo se relaciona con las almas de los muertos y luego de un complejo periodo de purificación, que ni el mismo Schreber es capaz de explicar en detalle. En algunas excepciones, Dios tiene contacto directo con almas vivas ante una plegaria o ante el cantar de los poetas. Otra particularidad de los nervios divinos, es que se pueden convertir en Rayos y ejercer una influencia directa sobre las cosas.

Durante su estadía en la clínica, el alma probada del Dr. Flechsig comenzó a ejercer gran influencia en los nervios de Schreber. Aquí se instala el convencimiento en Schreber de que Flechsig quiere practicarle un almicidio, vale decir, tomar posesión de su alma y para esto cuenta con una coartada ideal: Dios o los Rayos Divinos. Ambos fraguan esta conspiración contra él y someten su espíritu a torturas de distinto tipo: voces estridentes, insultos, insomnio y un aumento del poder de atracción de sus nervios sobre los Rayos divinos y las almas de difuntos. Schreber debe soportar el goteo persistente de "hombrecitos" sobre su cabeza, almas de muertos que llegan a su cabeza para desvanecerse a los pocos minutos. Así, nuestro enfermo comenzó a establecer contacto con miles de voces provenientes de almas de difuntos que se sienten atraídos por su persona y entre los cuales se encuentran por dar un ejemplo, 240 monjes benedictinos en procesión y guiados por un sacerdote.  

Schreber -por si fuera poco- además es el único hombre sobreviviente sobre la Tierra. Fue desterrado junto a toda la ciudad y puesto sobre un planeta que no es la Tierra. Los hombres que lo rodean son sólo "hombres hechos a la ligera", vale decir, proyecciones fantasmales de personas que luego de mostrarse ante él, desaparecen.

Los Rayos no sólo buscan su pérdida del entendimiento definitivo, sino que además, intentan convertir su cuerpo en el de una mujer. A este proceso por el cual los Rayos le introducen nervios femeninos para su transformación, lo llamó: emasculación. Una vez concluido el proceso de transformación -que no es metafórico, sino concreto-, la hembra Schreber será violada y abandonada para su posterior descomposición:

"... luego se lo haría simplemente a un lado, al parecer, entregado así a la descomposición."

Estoy convencido que James Joyce leyó las Memorias porque en su novela Ulises, el protagonista, el Sr. Harold Bloom también sufre una metamorfosis y su cuerpo se torna el de una mujer. Asimismo, la palabra "metempsicosis" aparece bastante a lo largo de la novela y Schreber la ocupa en sus Memorias como un proceso concomitante a la purificación de almas. Creo que bajo una lectura más aguda podemos encontrar otras correspondencias entre ambos libros.    

Al principio Schreber se resiste con todas sus fuerzas a tal fenómeno, pero luego termina aceptándolo. Como único sobreviviente de una humanidad extinguida, al ser mujer puede procrear y de esta forma contribuir a la perpetuación de la especie. Sus nervios femeninos podrán seducir a Dios para su objetivo. Además la escritura y posterior publicación de las Memorias para su divulgación, marcan el triunfo final de Schreber en esta conspiración.-  




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viernes, 19 de agosto de 2016

Schreber y el totemismo



En el Tercer Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en Weimar (Alemania), Freud hace una presentación del caso Schreber. Estamos ante un animado Freud por los mitos y su influencia en las neurosis. Se dice que esta presentación es la antesala a Tótem y Tabú (su siguiente libro), por el énfasis en el papel jugado por la cultura en el nerviosismo moderno. Este congreso es el último al cual asistiría Jung antes de producirse el rompimiento definitivo. Soy de la idea que el creador del psicoanálisis hizo esta lectura, en gran medida para complacer a su hasta ese momento amigo. 

La comunicación es bastante breve y se enfoca en un aspecto del caso Schreber: su particular relación con el Sol, al cual veneraba tal como los primitivos veneraban a su tótem. Schreber tenía una concepción animista del sol, por cuanto éste le hablaba y en ocasiones lo insultaba. Una vez reestablecido de su enfermedad nerviosa, Schreber es capaz de mirar la estrella sin enceguecerse. Esto lo plantea como un logro en su recuperación y lo justifica como hijo de este ser superior. Se trata de la misma lógica que rige a los aborígenes, ellos se sienten hijos del tótem al cual veneran. Son sus descendientes y deben cumplir con ciertos rituales para no perder el linaje. Dejemos al propio Freud que nos lo explique:       

"En el tratamiento del historial clínico de Schreber, presidente del Superior Tribunal, me limité adrede a un mínimo de interpretación, y tengo derecho a confiar en que cualquier lector instruido en el psicoanálisis ha de extraer del material comunicado más de lo que yo declaro de manera expresa, y no le resultará difícil tensar mejor los hilos de la trama y alcanzar conclusiones que yo apenas indico. Una feliz contingencia -que la atención de otros colaboradores de ese mismo número de la revista se haya dirigido a la autobiografía de Schreber- permite colegir cuánto se puede extraer todavía de la riqueza simbólica de las fantasías e ideas delirantes de este espiritual paranoico.

Un enriquecimiento casual de mis noticias, posterior a la publicación de mi trabajo sobre Schreber, me ha permitido apreciar mejor una de sus afirmaciones delirantes y discernirla como perteneciente al reino de lo mitológico. En la página 50 menciono la particular relación del enfermo con el Sol, que no pude menos que declarar un «símbolo paterno» sublimado. El Sol le habla con palabras humanas y de ese modo se le da a conocer como un ser animado. El suele insultarlo, apostrofarlo con términos amenazadores; también asegura que sus rayos empalidecen ante él si habla en voz alta vuelto hacia el Sol. Tras su «restablecimiento» se gloria de poder mirar tranquilamente el Sol y quedar muy poco enceguecido, cosa que, desde luego, no le habría sido posible antes.

A este privilegio delirante de poder mirar el Sol sin enceguecerse se anuda el interés mitológico. En Salomon Reihach leemos que los naturalistas de la Antigüedad conferían esa aptitud sólo a las águilas, quienes, como moradoras de las alturas, entraban en un vínculo particularmente íntimo con el cielo, el Sol y el rayo. Y bien; las mismas fuentes nos informan que el águila somete a sus pichones a una prueba antes de reconocerlos como legítimos: si no son capaces de mirar el Sol sin pestañear, son arrojados del nido.

No puede haber duda alguna sobre el significado de este mito zoológico. Claramente, se atribuye a los animales sólo lo que es de uso consagrado entre los hombres. Lo que hace el águila con sus pichones es una ordalía, una prueba de linaje, sobre cuya vigencia tenemos noticia entre los más diversos pueblos de los tiempos antiguos. Así, los celtas que moraban sobre el Rin confiaban sus recién nacidos a las corrientes del río para convencerse de que eran realmente de su sangre. La tribu de los psylli, en la actual Trípoli, que se vanagloriaba de descender de serpientes, exponía a sus hijos al contacto con estas; los legítimos no eran mordidos o se recuperaban enseguida de las consecuencias de la mordedura. La premisa de tales pruebas nos introduce hondo en el modo de pensar totémico de los pueblos primitivos. El tótem -el animal, o el poder natural concebido animistamente de quien la estirpe deriva su descendencia- respeta a los miembros de la estirpe como a sus hijos, y él mismo es venerado por ellos, y respetado llegado el caso, como padre de la estirpe. Hemos topado aquí con cosas que me parecen llamadas a posibilitar una inteligencia psicoanalítica de los orígenes de la religión.

Entonces, el águila que hace que sus pichones miren el Sol y exige que su luz no los enceguezca se comporta como un descendiente del Sol que somete a sus hijos a la prueba del linaje. Y cuando Schreber se ufana de poder mirar el Sol impunemente y sin enceguecer, ha reencontrado la expresión mitológica para su vínculo con el Sol como hijo de él y así nos confirma que hemos de concebir su Sol como un símbolo del padre. Acordémonos de que Schreber exterioriza libremente en su enfermedad su orgullo familiar, y de que hemos hallado en su falta de hijos un motivo humano para que enfermara a raíz de una fantasía femenina de deseo. Se vuelve entonces bastante claro el nexo entre su privilegio delirante y las bases de su condición de enfermo.

Este pequeño apéndice al análisis de un paranoide resulta apto para mostrar cuán fundada es la tesis de Jung según la cual las potencias mitopoyéticas de la humanidad no han caducado, sino que todavía hoy producen, en las neurosis, lo mismo que en los más remotos tiempos. Quiero retomar una indicación que tengo hecha, y declarar que lo mismo vale para las potencias formadoras de la religión. Y opino que muy pronto llegará el tiempo en que se podrá ampliar una tesis que los psicoanalistas hemos formulado hace ya mucho, agregándole a su contenido válido para el individuo, entendido ontogenéticamente, el complemento antropológico, de concepción filogenética. Hemos dicho: «En el sueño y en la neurosis reencontramos al niño, con las propiedades de sus modos de pensar y de su vida afectiva». Completaremos: «También hallamos al hombre salvaje, primitivo, tal como él se nos muestra a la luz de la arqueología y de la etnología»."


jueves, 11 de agosto de 2016

El caso Schreber 1903 (1911)

Soy un ferviente apasionado por los casos clínicos de Freud porque creo que son su mayor contribución al desarrollo de la disciplina. Pienso que la psicología debió haber seguido escribiéndose sólo en base a la presentación simple de casos, en lugar de teorías y modelos explicativos que siempre resultan insuficientes. Uno de estos estudios clínicos es el de Daniel Paul Schereber -juez y presidente de la Corte de Apelaciones de Dresde-, que enloqueció hasta el punto de construir un intrincado delirio y que hasta hoy provoca discusiones.

Mientras se encontraba hospitalizado en el sanatorio mental de Sonnenstein, Schreber se abocó a la tarea de escribir sus memorias bajo el título: MEMOIRS OF MY NERVOUS ILLNESS y que aparecieron publicadas en 1903. Como en otras ocasiones, fue Jung quien primero tiene noticias del libro y le recomienda a Freud su lectura. Pasaron siete años para que el creador del psicoanálisis se decidiera a leerlo y publicar su estudio que llevaría por título: Observaciones psicoanalíticas en base a un caso de paranoia (demencia paranoide) descrito autobiográficamente. El escrito es fruto del entusiasmo que sintiera Freud luego de leer las memorias porque nunca se conocieron personalmente. Es insólito que el creador del psicoanálisis haya redactado su historial basándose sólo en la escritura del paciente y sin el imperativo de relatar las vicisitudes de un tratamiento real. Por esto, el escrito publicado en 1911 es diferente a los otros estudios clínicos basados en pacientes reales de Freud. Aquí el único antecedente para el análisis, es el libro de memorias de Schreber que impresiona desde el primer momento por su calidad literaria y originalidad.

Schreber era un esquizofrénico paranoide dotado de una capacidad intelectual sobresaliente y que, por lo mismo, escribió este libro que en su momento remeció los fundamentos de la psiquiatría y el psicoanálisis. Existía la curiosidad por saber de qué forma este modelo explicativo de la mente, era capaz de dar cuenta de la enfermedad psiquiátrica dura como es la demencia precoz (Bleuler). Freud también sentía la necesidad de aplicar su modelo por primera vez a un caso de esta naturaleza y el caso de Schreber era la instancia apropiada.

Hablar de este caso, es hablar de la historia de la psiquiatría, de la inmersión de un todavía joven psicoanálisis en el estudio de la demencia y de las vicisitudes entre Freud y Jung. Es lamentable que los médicos en la actualidad no se informen de un caso como este, porque no sólo concierne al psicoanálisis, concierne a toda la psicología y a todos los profesionales de la salud mental. 

No sé cuál de los dos escritos es más apasionante, si las memorias o el análisis de posterior de Freud, pero puedo garantizar que la lectura de ambos es  un deleite para quienes gustamos de estos temas.-