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sábado, 11 de agosto de 2012

Freud enamorado


Novia mía:

Escribes unas cartas tan inefablemente dulces, tan conmovedoramente tiernas, que sólo podría contestarlas como se merecen, con un beso prolongado y abrazándote amorosamente. (...) Martha, no apetezco sino lo que tú ambicionas para ambos porque me doy cuenta de la insignificancia de otros deseos comparados con el hecho de que seas mía. Estoy adormilado y muy triste al pensar que tengo que conformarme con escribirte en vez de besar tus dulces labios.

Devotamente tuyo,

Sigmund


Freud conoce a Martha Bernays en 1882 con motivo de una visita que hiciera ella a su hogar. Martha era amiga de Anna, una de sus hermanas. Freud tenía 25 años y Martha 21. Sigmund ya era médico por ese entonces y sus intereses estaban en la investigación más que en la clínica. Trabajaba por una renta muy baja en el laboratorio de la Universidad de Viena y estaba especializándose como neurólogo.

Freud cenaba en su habitación pero al ver a Martha, fue al comedor. Así conoció a la mujer con la que compartiría por 53 años. Tuvieron 6 hijos y pasaron muchas cosas juntos: el antisemitismo, la cesantía de Freud, las Guerras Mundiales, el exilio a Inglaterra, etc. Martha también era judía, su abuelo era el rabino más importante de Hamburgo pero esto no significaba estatus económico. Al igual que Freud, provenía de un estrato social medio- bajo. Fueron pareja por 4 años y se casaron en 1886. Fue una ceremonia sencilla y judía. Martha llegó virgen al matrimonio, en cambio Sigmund, ya había tenido relaciones con una chica que era hermana de su amigo Emil Fluss. Poco tiempo antes, Freud  había inaugurado su consulta particular. Por aquel entonces, el psicoanálisis no estaba ni en los sueños de Freud. El Dr. ejercía su profesión de forma convencional y todavía no se interesaba por el estudio de las neurosis.

Sobre la sexualidad de Freud con su esposa, el único antecedente que se tiene es el sueño de la inyección de Irma. En el libro LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS (su obra cumbre publicada en 1900) Freud interpreta un sueño que tiene de forma recurrente. En él,  una paciente llamada Irma se encontraba afectada por una infección que le causó una inyección que no había sido esterilizada. Freud siempre tenía este sueño cuando Martha quedaba embarazada y se cree que tiene que ver con alguna afección que ella tenía. Más que esto no se sabe. El hombre era reservado con su vida privada, a pesar de no serlo con la vida y la sexualidad de sus pacientes.      

miércoles, 21 de marzo de 2012

Amor de transferencia (1915)


Freud escribió una serie de artículos y conferencias que fueron compilados bajo el título de Técnica del Psicoanálisis. Son escritos que versan sobre temas relacionados con el desempeño profesional del psicoanalista y las posibles dificultades que pudieran surgir. Uno de estos trabajos lleva por título: Observaciones sobre el amor de transferencia (1915). Me parece oportuno estudiar este trabajo luego de publicar acerca de las vicisitudes que tuvo Carl Jung para tratar a Sabina Spielrein.
 
En el artículo, Freud responde a algunas interrogantes que pudieran surgir sobre el análisis y puntualmente, se refiere al amor de transferencia como un subproducto esperable en un análisis:
 
“Me refiero al caso de que una paciente demuestre con signos inequívocos o declare abiertamente haberse enamorado, como otra mortal cualquiera, del médico que está analizándola”. Pág. 442
 
El analista, para empezar, debe abstenerse de concretar una relación con su paciente, pero eso sí, permitir que el enamoramiento surja en la relación analítica. Manejar la transferencia implica conservar ese enamoramiento en pro de la labor analítica y no de los deseos carnales que pudiera haber. Se trata de un amor virtual que en ningún caso se corresponde con el amor de la vida real. Es un producto de la relación analítica y no del azar o la suerte, como cabría esperar del amor común.
 
“Conservamos la transferencia amorosa, pero la tratamos como algo irreal, como una situación por la que se ha de atravesar fatalmente en la cura…” Pág. 446
 
El objetivo del análisis es liberar a la paciente de sus trabas para que entable una relación sincera de amor allá afuera y no adentro de la consulta. El terapeuta que se dejara llevar por sus impulsos y concretara la relación, quebrantaría grandemente el equilibrio mental de su paciente. Freud narra a modo de chiste, la historia de un agente de seguros muy poco aficionado a la religión. Una vez que cayó enfermo, su familia envió a un sabio sacerdote para que lo adoctrinara. Luego de una larga conversación, salió el sacerdote sin haber convertido al enfermo pero asegurado contra toda clase de riesgos jajaja. El enamoramiento de la paciente por su analista se mantendrá como un subrogado necesario y jamás deberá concretarse.
 
Ahora bien, si se diera el caso de una enferma que no acepta lo mental y la actividad psíquica como un sustituto del deseo, entonces estamos a las puertas de la psicosis. La no aceptación de lo psíquico por lo material rebasa los límites de la neurosis y nos instala de lleno en la locura. Es lo que en semiología psiquiátrica se denomina “pérdida del juicio de la realidad”. Es interesante este punto porque nos lleva a pensar que el manejo adecuado de la transferencia, también podría tener implicancias en el diagnóstico.
 
Una última cosa para resaltar, es que Freud sostiene que la cura se da en la abstinencia y en esto coincide con las curaciones del espíritu practicadas por chamanes y hechiceros. La abstinencia es recomendada para enfrentar demonios y maleficios que pudieran estar alterando el orden natural.
  
Pd: Para descargar el artículo OBSERVACIONES SOBRE EL AMOR DE TRANSFERENCIA de S. Freud, haz click en el título.
 



 
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