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viernes, 19 de octubre de 2012

El Museo de la Histeria


 


“…en realidad no soy nada más que un fotógrafo,

sólo registro lo que veo.”

J.M Charcot

 
La Histeria, aquella “bestia negra” de la medicina en palabras de Freud, tuvo su propio museo. Entre las muchas empresas de Charcot como director de La Salpêtrière, estuvo la creación de un estudio fotográfico en las dependencias del recinto. El reciente invento de la técnica fotográfica, encontraba espacio en el mundo de la psiquiatría y daba lugar a los primeros reportes en imágenes de la locura.
 
El estudio ubicado en el ala Saint-Laure del hospital tenía una escenografía bien iluminada donde posaban las pacientes. Además había un laboratorio donde rebelaban las fotos. Como fruto de este trabajo, apareció publicado el libro Iconographie Photographique de La Salpêtrière de Bourneville y Régnard (1876-1880). Esta joya bibliográfica que apareció en tres tomos, se encuentra en la actualidad en la biblioteca del Hospital Conde de Ferreira de Oporto en Portugal. A continuación, les presento una muestra de este material histórico:        
 
 
 


 
 
 



 
 











 


 
 



 

sábado, 6 de octubre de 2012

Charcot y la modernidad





El antecedente directo de la “rotura de las cadenas” a las enfermas de la Salpêtrière fue la Revolución Francesa. Pues bien, el antecedente directo de la Cátedra de las Enfermedades Nerviosas de Charcot, fue la crisis de la Modernidad. Aquel período de la historia que comenzara en el siglo XVII con la escisión del hombre en dos sustancias vitales para la supervivencia: la res cogitans y la res extensa. Mente y cuerpo como sustratos paralelos y que desde el punto de vista anatómico estarían comunicados solamente por la glándula pineal. Para Descartes, la única fuente de conocimiento confiable es la razón, en desmedro de las otras facetas humanas. El cogito cartesiano consiste en atribuir todas las facultades del espíritu al pensamiento. La única certeza que tenemos de nuestra existencia es el pensamiento de que existimos (pienso, luego existo). Dejemos que el propio Descartes nos lo explique:

“…esta verdad: yo pienso, luego soy era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podría recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando”.

Fíjense cómo las palabras del filósofo chorrean modernidad a borbotones; él dice “la filosofía que andaba buscando”, entendiendo a su objeto de estudio como una búsqueda de la razón firme y segura, que no pudiera ser derribada. Esta es la esencia de la mentalidad moderna, la búsqueda de verdades absolutas y firmes, ancladas en el raciocinio.    

Estas ideas marcaron el desarrollo científico durante los siglos XVII, XVIII y XIX. La Razón era considerada la vía regia para alcanzar la sabiduría.

El psiquiatra chileno Armando Roa describe el modernismo de la siguiente manera:

“La creencia absoluta en la exclusividad de la razón para conocer la verdad, debiéndose sospechar de todo conocimiento venido de la fe, de la tradición, de la mera intuición no comprobada”.

Éste era el panorama del mundo científico cuando Charcot ingresa a la Salpêtrière, ya maduro, con 37 años de edad. ¿Qué enfermedad tenían esas mujeres? ¿Tenían un diagnóstico claro? ¿Qué significaba el epíteto: mujer histérica? ¿La Razón era capaz de explicar lo que les pasaba a esas pacientes? Para Charcot sí. Hay que recordar que había sido formado bajo el alero de la modernidad y pertenecía a este mundo. Para él, la histeria no tenía que ver con sueños o fantasías de deseo incumplidos como sostuviera Freud unos años después. El mecanismo psíquico de la histeria guardaba similitudes con el mecanismo psíquico de la hipnosis y todo podía ser explicado por el factor somático. Charcot fue uno de los principales exponentes de las ideas modernas y sin saberlo estaba contribuyendo a la caída de este paradigma científico. Al asignarle un papel importante a la sexualidad en la etiología de la histeria, dio pie al desarrollo del psicoanálisis como modelo explicativo de la psique y la historia que sigue ya es conocida.    
 
 

 
Referencias:

DESCARTES, R.: Discurso del método; estudio preliminar, traducción y notas de BELLO REGUERA, E.; ed. TECNOS, Madrid, 2003.
 
Roa A. Modernidad y Postmodernidad: coincidencias y diferencias fundamentales. Andres Bello, 1995.

sábado, 29 de septiembre de 2012

La Salpêtrière. Su historia




Existen algunas versiones acerca de cómo era La Salpêtrière en los tiempos antiguos, antes de la llegada de Charcot en 1862. El Dr. Pedro González Velasco, de nacionalidad española, visitó el recinto hospitalario en 1860 y escribió un artículo que es un valioso testimonio sobre los cuidados que recibían los pacientes por esos años. El Dr. González, que escribió páginas importantes de la psiquiatría española, quedó gratamente impresionado con La Salpêtrière. Él dice:

“París tiene tres grandes hospitales destinados al socorro de los enajenados; uno, Charentón, para los que pagan una cantidad para ser asistidos, y dos gratuitos, uno para hombres, Bicetre, y otro para mujeres, La Salptriere, o sea la antigua Salitrería… (La Salpêtrière) es hospicio de la vejez para mujeres incurables, epilépticas, locas, idiotas y necesitadas aunque no estén enfermas.”



En los siglos XVII y XVIII el hospital llegó a albergar entre seis y ocho mil mujeres entre mendigas, ancianas, ciegas, huérfanas, epilépticas, retrasadas mentales, prostitutas y criminales. Hasta el día de hoy, las instituciones psiquiátricas confunden los ámbitos médico, forense y caritativo, probablemente porque acogen a los enfermos del espíritu y no del cuerpo como los otros recintos hospitalarios. Sigamos con el Dr. González:

“…algunas buenas viejas pasean por los senderos del parque sus 80 años, rodeadas de parientes, de amigos, de nietos, cuyos alegres gritos alegran este lugar de la decrepitud y del sufrimiento humano. Aquí y allá otras pensionistas sentadas en los bancos, se dan un baño de aire y de sol. Contrahechas, jorobadas, patituertas agitadas por temblores, las hay de todo tipo y categoría.”


A su llegada, Charcot de la mano de su viejo amigo Alfred Vulpian quedan al cuidado de 500 mujeres, ancianas en su mayoría y aquejadas de enfermedades crónicas. Charcot trabajó por 30 años en La Salpêtrière pero fue en los últimos diez, cuando comenzó con su cátedra de las enfermedades nerviosas. Esto es un hito histórico porque marca el inicio de la neurología como especialidad de la medicina y además porque por primera vez la histeria es estudiada científicamente como enfermedad mental.



Pero la historia de La Salpêtrière como hospital de vanguardia, no empezó con Charcot. Cien años antes (entre 1795 y 1828) el Dr. Philippe Pinel había logrado sensibilizar a los legisladores para que se pronunciaran acerca de los alienados mentales y sus condiciones de vida. Es lo que se conoce como la “loi sur les alénés” de junio de 1838. Esta es la primera ley que se promulgó y que versaba sobre la salud mental.  


La Revolución Francesa con su lema: Igualdad, Libertad y Fraternidad había repercutido en todo el sistema político y social de Francia y Europa y esto incluye a la psiquiatría. Embebido por las ideas revolucionarias, el Dr. Pinel había decidido romper las cadenas a las mujeres de La Salpêtrière y dar lugar a su propia revolución entre las gruesas paredes del antiguo edificio. Estos hechos son una prueba sobre cómo llegan a converger la política, la economía, las leyes y la ciencia en algunos momentos estelares de la historia.-
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sábado, 22 de septiembre de 2012

La Salpêtrière

 
El hospital de La Salpêtrière en París es un lugar mítico para la psiquiatría y el psicoanálisis. Personalidades de la talla de Philippe Pinel, Jean Esquirol, Paul Richer, Jean-Martin Charcot y Pierre Janet han pasado por este hospital público construido en el siglo XVII. Originalmente pensado para albergar a los pobres y vagabundos de la ciudad, estaba dividido en tres secciones: niños, hombres y mujeres. En tiempos antiguos, este hospital era utilizado como albergue, cárcel y centro de atención médica.
 
Durante el siglo XIX se convirtió en el principal bastión de la neurología y la psiquiatría. Lo innovador de sus procedimientos y las líneas de investigación que se desarrollaban, hicieron de este lugar, casi un “santuario” para los especialistas. Freud también se sintió atraído por las cosas que se estaban haciendo en La Salpêtrière y a finales de 1885 viaja para seguir unos cursos dictados por el famoso médico Jean-Martin Charcot.
 
 
EL TEATRO DE CHARCOT
 
Las lecciones de los días martes dictadas por Charcot en el viejo hospital generaban gran interés en la comunidad científica y también en la población general. Charcot hipnotizaba a una paciente en presencia de todos y le inducía -mediante sugestión- algún síntoma para que todos lo vieran; podía ser un tic nervioso, una postura estereotipada o insensibilidad en alguna parte del cuerpo. Todos se asombraban con lo que veían, incluido un joven Freud, quien de vuelta en su Viena natal adoptaría a la hipnosis como herramienta terapéutica.    
 
Charcot era un médico muy respetado en el ambiente de aquel entonces, aunque tenía varios detractores. Sus clases, poco a poco fueron perdiendo seriedad y ya al final, parecían un espectáculo circense. Charcot no utilizaba a la hipnosis como medio de sanación porque suponía que para ser sugestionable, sólo había que estar gravemente enfermo de los nervios. Él suponía que una persona sana mentalmente no podría ser hipnotizada. El estado de trance era considerado como una neurosis con su propia sintomatología y con existencia paralela a la enfermedad nerviosa del paciente. Las clases sólo estaban destinadas a demostrar el poder de la sugestión sobre personas gravemente enfermas y a la producción de novedosos y variados síntomas.      
 
Charcot sostuvo un arduo debate con la Escuela de Nancy acerca de sus descubrimientos. Es lo que se conoce como la “polémica Salpêtrière – Nancy” sobre el estatuto de la hipnosis. Los conceptos de este médico eran adelantados para su época y por lo mismo producían mucho escozor en algunos sectores. Charcot cometió grandes errores pero también facilitó mucho el desarrollo de la psicología y el psicoanálisis. Entre sus aciertos se encuentra por ejemplo, el descubrimiento de que la histeria no afectaría solamente a las mujeres. Otro gran acierto fue suponer que la histeria siempre tenía una etiología relacionada con la sexualidad del enfermo. Charcot siempre decía: la sexualidad, siempre la sexualidad para referirse a las causas de los desequilibrios que sufrían sus pacientes histéricas.