jueves, 5 de julio de 2018

El Cristo de Elqui. Opera



Hace poco tuve la oportunidad de ver la Opera EL CRISTO DE ELQUI de Miguel Farías y Alberto Mayol en el Teatro Municipal de Santiago. No soy un visitante frecuente de óperas y tampoco soy un conocedor de este género. Sin embargo, esta entrada está destinada a comentar algunos pasajes de esta puesta en escena. 

Se trata de una ópera chilena y es el primer estreno en cuarenta años. Han habido otros estrenos como la ópera Viento Blanco, también de manufactura chilena y basada en la tragedia de los conscriptos en Antuco. La diferencia está en que El Cristo fue estrenada como parte integral del programa de óperas del teatro y estando a la par con otras óperas famosas, como por ejemplo Tosca de Puccini.

Los estrenos de óperas chilenas son escasos -en mi opinión- porque el artista nacional percibe este tipo de performance como lejana. Existe el prejuicio de pensar que se trata de un género difícil y sólo para entendidos. Escuchar opera es impopular y aparece como una pedantería. Antes del estreno, se percibía el nerviosismo de sus creadores y de los artistas. 

En Buenos Aires se estrena todos los años una ópera argentina y basta con sólo conocer esa ciudad llena de librerías y teatros para explicárselo. Pero El Cristo de Elqui sienta un precedente y puede marcar una nueva etapa en la creación nacional. 

La ópera está basada en dos libros de Hernán Rivera Letelier: La reina Isabel cantaba rancheras y El arte de la resurrección. El Cristo de Elqui es uno de los personajes de la novela y es una persona que existió en la vida real. Este hombre se dedicaba a predicar en la pampa y existía el mito de que había resucitado a una persona. Estamos hablando de principios del siglo veinte. El caso adquirió cierta notoriedad pública, ya que existen registros en la prensa del momento. 

El Cristo de Elqui viajó a Santiago en tren y su llegada fue apoteósica. Lo esperaba un centenar de personas en la Estación Central y estaba todo conmocionado. La Iglesia lo consideró un fraude y el Cardenal José María Caro (Cardenal Cal y Canto en la ópera) lo internó en un sanatorio por encontrarlo loco. 

Ahora bien, desde el punto literario, Hernán Rivera Letelier cuenta esta historia a su manera en el libro El arte de la resurrección. Sin embargo, el escritor pampino no es su descubridor. Ya Nicanor Parra el año 79 había publicado el libro Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui: 

Un agregado de última hora:
tan pronto como se me apareció el Señor
tomé un lápiz y una maquina de escribir
y me puse a redactar mis prédicas
en el mejor castellano posible
no sin antes haberme retirado al desierto
por un lapso de 7 años consecutivos
claro que sin la menor vanidad
a pesar que soy un analfabeto
nunca pisé la puerta de una escuela
mi papá fue más pobre que la rata
por no decir otra cosa peor.
Distinguidos lectores: en estos momentos
os estoy escribiendo en una enorme máquina 
de escribir desde el escritorio de una casa particular
eso sí que ya no vestido de Cristo
sino que de ciudadano vulgar y corriente
y les pido con una gran humildad
léanme con un poquito de cariño.

Sin duda que se trata de una gran historia y el municipal era el escenario ideal. La ópera tiene cosas que me gustaron y otras que no. Visualmente bien, con un fondo oscuro y algo tenebroso y con los  personajes con sus caras pintadas de blanco para brindar una atemporalidad y eliminar aspectos de identidad. La música parecida a la de Igor Stravinski y con instrumentos improvisados. Al final, cuando El Cristo es trasladado a un sanatorio, grita lo siguiente: 

Dios tuvo que matar a su hijo para que le creyeran ¿a quién tengo que matar yo? 

   

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